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Article d'Opinió

Diumenge, 1 de març del 2020

La loca idea del ecofeminismo

Graduada en Dret, jurista, ecolofeminisme i especialista en estrangeria, Judit Moreno Alonso col·labora amb l'Associació Mujeres Migrantes Diversas. Animalista convençuda, des de sempre ha sentit empatia amb la Terra i amb els éssers vius que l'habiten, així com una profunda preocupació per com la Humanitat l'està maltractant el planeta. Per això, ara orienta les seves pases cap al Dret Ambiental. Es considera a ella mateixa una friki de l'ecofeminisme que defineix i desgrana i comenta en aquest article.
Aún recuerdo con claridad el día en que oí hablar sobre el ecofeminismo, fue en una sesión del curso de derechos humanos que organiza anualmente el Institut de Drets Humans de Catalunya en la que participaba como ponente Maria Eugenia Rodriguez Palop, jurista y profesora de Filosofía del Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid, especializada en derechos humanos.

Jamás había oído el concepto y al utilizar el término eco junto al de feminismo mi atención no pudo agudizarse más. A medida que María Eugenia iba desmembrando los conceptos básicos de esta corriente del feminismo algo dentro de mí vibraba haciéndome sentir que quizás las ideas locas que siempre había tenido podían tener algo de cordura. Recuerdo haberle pedido, tras la jornada, consejo sobre autoras y primeras lecturas para aprender más sobre el ecofeminismo y a partir de ahí empezó mi zambullida en el ecofeminismo.

Intentaré sintetizar, desde la humildad y la imperfección de la aprendiz, las ideas básicas que sostiene el ecofeminismo. Las ecofeministas sostienen que la existencia de nuestra sociedad tal y como la conocemos está construida sobre la base de dos dependencias que, a su vez, los mandamases intentan con todas sus fuerzas que pasen inadvertidas y, por tanto, se desprecien a título general por todas. Interdependencia personal y dependencia de la naturaleza. Feminismo y ecología. Dos movimientos en auge y que defienden la base sobre la que se sostiene nuestra estructura social, institucional y económica; movimientos que defienden sistemas de dependencia que están llegando al colapso.

Interdependencia personal porque todo ser humano depende de otros humanos para su subsistencia, sobre todo en los momentos de mayor vulnerabilidad como son la infancia y la vejez, la enfermedad y la discapacidad, pero también en cualquier otro momento menos dependientes y más cotidianos de nuestras vidas.

Dependencia de la naturaleza porque nuestra sociedad no dispondría de los medios que dispone (y por lo tanto no existiría) sin los procesos vitales que la naturaleza aporta como el ciclo del agua, la fotosíntesis, la gravedad, los fenómenos climáticos o las energías fósiles o renovables. Ciclos que, además, existen desde mucho antes que el homo sapiens sapiens, en cualquiera de sus etapas, hiciese acto de presencia en este milenario mundo y que, por tanto, no dependen en absoluto de la existencia de las personas.

Ambas dependencias han sido obviadas, conscientemente o no, en el desarrollo económico y el sistema capitalista que nos domina, porque, ¿qué haríamos sin los ríos o sin las mujeres que nos cuidan sin descanso? Sin embargo, ¿qué precio tiene el caudal de un río o los cuidados de una madre? En euros. ¿Céntimos? Nada. Es por este motivo que ambas energías, la femenina y la natural, llevan demasiado tiempo siendo inferiorizadas, menospreciadas, explotadas y asesinadas con nocturnidad y alevosía, porque no tienen precio, no tienen valor.

Las ecofeministas consideran que no hay cuestiones a cambiar o a mejorar de nuestro sistema, sino que más bien hay que cambiar de sistema. Borrón y cuenta nueva. Un borrado del disco integral. Precisamente creen que es necesario poner la vida en el centro, pero no cualquier vida, sino la vida que valga la pena ser vivida, como bien explica Yayo Herrero cada vez que tiene oportunidad. Es el momento de parar, de hacer un ejercicio de humildad y bajarse de la posición de superioridad en la que nos hemos instalado con respecto a todo lo demás que conforma nuestra Tierra. Toca mirar a los ojos a esa naturaleza a la que estamos dejando en los huesos y a esas mujeres a las que hemos exprimido para poder hacer una revisión de valores y encontrar la forma de convivir desde el respeto y aceptando la diversidad en todas sus expresiones. Porque como dice Marta Tafalla: "La naturaleza sabe lo que tiene que hacer para sobrevivir, siempre encuentra su camino, los animales también, se adaptan a los cambios sin necesidad de que nadie les explique cómo, somos nosotros, los humanos, los que no tenemos ni idea de qué hacer en estos momentos", dejemos liderar a la naturaleza y los otros seres que la habitan cuál debe ser nuestra dirección en este momento crítico que vivimos. Huyamos del antropocentrismo que ha sido nuestro esteroide preferido y, literalmente, empecemos a caminar con los pies en la tierra.

 


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 - Feminismo y ecología. Dos movimientos en auge y que defienden la base sobre la que se sostiene nuestra estructura social, institucional y económica; movimientos que defienden sistemas de dependencia que están llegando al colapso -  -
Judit Moreno Alonso, jurista
Ecofeminista